Pedagogías disruptivas en contextos de encierro. La experiencia de la revista “Pensando en voz alta”

La primera disrupción a la que asistimos está en el mismo enunciado: ¿podemos enseñar autoestima, libertad y autodeterminación en un contexto punitivo y carcelario? Dentro de esta encerrona trágica es donde trabajamos estudiantes presos y profesores que atraviesan las rejas.

Educar se convierte entonces en la más preciada metáfora de la libertad que se expande entre el cemento, los olores fermentados y la incómoda verdad que significa presenciar en cada servicio penitenciario el fracaso de toda la humanidad: No fuimos capaces de crear una justicia restaurativa ni de abolir el castigo más extremo impuesto aún a procesados, es decir, a personas sin condena que son inocentes, ya que la ley no ha probado lo contrario. La privación de la libertad hace perder muchos de los derechos humanos que solo se viven estando libres, sin hablar de torturas y otros sometimientos que llevan a las personas presas a un estado de desesperación, locura y suicidio. No fuimos capaces, no nos salió nada bien esto de impartir justicia, privamos de la libertad (el más preciado derecho) a personas que cometen actos contra la propiedad privada. No alcanza la medida, porque nadie puede medir cuánto dolor es preciso infringir para que algo quede saldado. Y el dolor, la separación, el aislamiento, solo trae más desgracia, rencor y tortura. Nadie sale bien de esta cuenta.

En medio de esta historia signada por el fracaso y con muros sostenidos solo en la venganza (no hay reparación ni hay “mejora” de las personas presas sometidas al “tratamiento penal”) disrumpe la ley de Educación en Contextos de Encierro.

Escribe al respecto la profesora Gisela Honorio: “Se construyó paulatinamente un espacio en donde los mecanismos pedagógicos transformadores promueven la reflexión e intervienen sobre las condiciones reales de existencia, en donde los estudiantes son los verdaderos protagonistas, un espacio para pensar y pensarse, un espacio de deliberación, de construcción, de compromiso, de transformación. Las actividades se desarrollan en una Institución definida por los muros y en este sentido, la cárcel y la escuela poseen dos funciones excluyentes y claramente diferenciadas: privación, vigilancia, deshumanización y castigo frente al reconocimiento, al acceso democrático a los bienes culturales, ejercicio pleno de nuestros derechos humanos, en suma, un escenario de encuentro en donde cada uno logra significarse y significar para el otro, un lugar de esperanza, un espacio de libertad en el cual la voz de los sin voz comience a ser escuchada

Es en este marco que compartimos su experiencia y trabajo en el  CENS 24 de la cárcel de Devoto con la revista “Pensando en voz alta”, una experiencia disruptiva que merece un post aparte. Esta semana les proponemos que ustedes visiten, lean y sientan a qué llamamos disrupción educativa en estos muros de la cárcel. Aquí compartimos el acceso a su blog, a su Facebook y a una de las revistas.

Un abrazo

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