Se aprende en cualquier lugar

La historia de César González (cuyo pseudónimo fue Camilo Blajaquis) es un ejemplo perfecto de que aprendemos siempre y en cualquier lugar. Y que en ese aprendizaje permanente y a lo largo de toda la vida, la tecnología puede ser un aliada.

Entre las paredes de institutos de menores, César descubrió la literatura, se sumergió en novelas pero también en textos de filosofía y, de lector se transformó en escritor. Desde el encierro empezó a publicar en un blog sus poesías: en poco tiempo el blog de Camilo Blajaquis lleno de palabras y de esperanza, se llenó también de seguidores y de comentarios. Con la libertad, el blog se convirtió en libro y, de la literatura pasó a la revista Todo Piola y luego al cine, entendiendo que el arte es transformador y liberador.

Para conocer la historia de César pueden leer esta nota y ver esta entrevista

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